Samsara despixelado

A pocas páginas de empezar la lectura de esta novela comencé a preguntarme dónde estaba el libro, Samsara cuenta la historia de una pareja que emprende un viaje corto pero no es en esa trama donde reposa la historia que se propone contar. Ese misterio que se plantea es lo que más me entusiasmó de la novela de Facundo Gerez, que despliega sin ansiedad un mecanismo que va acumulando sentido, como un tetris que encaja sus piezas a medida que aparecen en la lectura.

Nadie habla de nada. Ningún escritor ni ningún libro cuentan la historia de unos personajes de vidas tan habituales y tediosas como la del lector que lo lee. En todo caso, perseguir la literalidad o intentar reproducir la nada es una pretensión snob, una apuesta difícil de lograr, que suele dejar en evidencia una intención que se monta más para la mirada que para la lectura.

Pero esta novela es pura lectura, ofrece y propone pura lectura. Samsara es una tabla de elementos, es el registro minucioso y rítmico de la materialidad más básica con que están hechas las historias; todo esta descripto, la ropa, los autos, las temperaturas, los sabores, la textura de las superficies, los vaivenes del clima y de los humores. Hay recuerdos que aparecen sorpresivos, como el de un cerdo con un bala en la cabeza y que no termina de morir, no para señalar metáfora, en Samsara no hay tiros por elevación y la escritura no es especular, sino que aparecen para mostrar la argamasa incomprensible y caprichosa de la que estamos hechos. En Samsara flota siempre el recuerdo de un diluvio que dejó a la geografía, o a sus accidentes megalómanos como el enorme cristo de Salamone, bajo el agua o cubiertos de una sal que, otra vez, remite a una información primordial, al modo material en que los personajes se construyen a sí mismos como arcas para sobrevivir al mundo de las apariencias.

Pájaros, una tía con un buzo Nike, baldosas frías, ruta, ruinas, calor, llantas que acumulan agua de lluvia estancada, larvas de mosquitos, hierros oxidados, árboles petrificados, algunos autos, algunas personas y al fondo, monumental, un edificio con un cartel de letras mayúsculas que anuncia: MATADERO.

Samsara es una novela de escritura tranquila e implacable y cuenta con intención molecular un terror apacible, becketiano, un terror que recuerda la pregunta esencial de los replicantes de Blade Runner: ¿hasta cuándo?, un terror que hace pensar en que la vida es nada más que aquello que sucede mientras todo se va despixelando.

Por Julián López. El autor de Una muchacha muy bella acompañó a Facundo Gerez en la presentación de Samsara.

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